Reflexiones de Martín
Gannott
Aachen,
noviembre 2003
En estos últimos
tiempos se ha mostrado repetidamente que el trabajo de constelaciones
familiares proporciona sin lugar a duda una penetración en la dinámica de base
de un sistema y hace resaltar con mayor claridad soluciones posibles para las
problemáticas de los clientes. Alcanza sin embargo un límite cuando se topa con
destinos particularmente pesados en la estirpe familiar, que desarrollan sus
efectos hasta el día de hoy. En estos casos, se trata lo más frecuentemente de
delitos muy graves como por ejemplo un crimen.
El efecto de
tales acontecimientos en el alma familiar no puede ser descrito únicamente con
lo que conocemos hasta ahora sobre ataduras, equilibrio y orden, ni puede ser
aliviado de manera apropiada sólo con aclaraciones sobre la responsabilidad o
frases de solución o “devolución (de sentimientos)”.
Sin alterar la
validez de las constelaciones familiares, esto llevó a un desarrollo ulterior
del trabajo hacia los movimientos del alma. Aquí son de igual importancia los
conocimientos referentes a las reglas de sobriedad puesto que la actitud del
terapeuta juega un papel aún más significante, siendo resultado de su propio
desarrollo.
En el taller de
formación avanzada de Hamburgo, Bert Hellinger demostró este desarrollo en
progreso así como nuevos conocimientos de las dinámicas. Esto permitió que
algunas de las hipótesis se aclararan para los observadores, hipótesis
necesarias para lograr el trabajo con los movimientos del alma. Al terapeuta le
corresponde respetar los procedimientos propios de la
fenomenología, el papel del que ayuda y la importancia de la filosofía para
alcanzar la profundidad en el trabajo.
Fenomenología –
Observación bien entrenada
Al que trabaja
con constelaciones le resulta conocido cuan determinante es una buena observación.
En Hamburgo se pudo
ver que una percepción ampliada lleva a dar pasos con efectos decisivos en el
trabajo con clientes. Nos pudo haber parecido familiar la apariencia de un
cliente masculino que, evidentemente, carecía de la bendición del padre.¿Cómo reconocerlo?
Lo masculino permanecía oculto en él, sin brillo y sin seriedad. Gracias a preguntas
oportunas el cliente mismo pudo encontrar la buena solución.
Más complejo en
cambio fue el caso de una mujer americana, que ya en su silla parecía apresada
de un modo extraño, deprimida sin estar realmente triste. Se acercó a Bert Hellinger con pasos furtivos,
luego quiso regatear en su idioma materno un arreglo por separado, a su manera,
todo esto con un ímpetu muy raro.
¿En qué umbrales
hacia la realidad de esta clienta se encuentran estas percepciones? Bert no
trabajó con ella pero dijo que aquí se trataba de culpa personal. Si hubiéramos
entrado en el juego, habríamos constelado de manera clásica a pesar de todas
estas señales, siguiendo las reglas del arte y dejándonos guiar por las
informaciones del representante: ¿qué posibilidades habría tenido aún la
clienta (y el terapeuta) de confrontarse a la verdad? Pero sobre todo, ¿por qué
medios se llega a tener esta percepción ampliada?
La fenomenología
del trabajo de constelaciones se diferencia fundamentalmente de las otras, como
la del psicoanálisis, del “Prozessarbeit” ( trabajo basado en un proceso) o incluso de la PNL.
El trabajo como constelador
apoyándose en la fenomenología significa de modo implícito que uno no se limita
a la percepción con los sentidos sino que uno percibe a la vez con el alma, “de
alma a alma” por así decirlo.
En realidad es también un modo de proceder “poético”.
Esto presupone
que uno se ha arriesgado a tomar consciencia de su propia alma, empezando por
la aceptación de sus propios padres así como el reconocimiento del destino de
los ancestros. Con esta actitud de base, puede madurar la percepción hasta
superar posibles desengaños y crecer para abrirse a soluciones.
Esto conlleva
dos implicaciones distintas. Por una parte es posible que la propia percepción
adquiera con el tiempo una mayor amplitud y consistencia, por otra parte este
desarrollo puede llevar a que el terapeuta esté en condiciones de reconocer con
claridad y en un instante el autoengaño esencial activo en el cliente a través
de sus antepasados, dándole entonces el impulso apropiado para que se logre una
solución.
¿Cómo se ha
visto esto en los días del taller? Para el observador no era difícil darse
cuenta que el “discurso” producido por el cliente tenía una importancia mucho
menos relevante que antes, en cambio se volvía de prima importancia la
comprensión instantánea de lo esencial por el alma que abarca en su visión mucho
más que sólo el sistema. En este proceso se destaca el arte en el primer
término, el arte de discernir lo esencial para el logro del trabajo y a la vez,
alcanzar la armonía con la “energía” de lo que se ha expuesto.
Esto implica por
una parte que para el terapeuta este “esencial”, igual que una premonición, se
haga perceptible cada vez más temprano, incluso antes de los intercambios en la “ronda”.
Por otra parte es imprescindible que el cliente consiga limitarse a pocas
frases – aquí eran autorizadas un máximo de tres – para “exponer su caso”.
Se hizo claro
que de esta forma el terapeuta, pudiendo permanecer centrado, era capaz de
dejar emerger en él una imagen, fruto de su percepción, que lo podía guiar.
Durante los movimientos surgieron también frases de soluciones únicas, nacidas
de la imagen espontánea y recogida del momento presente, no del diagnóstico ni
de los pasos habituales de solución en una constelación.
La fenomenología
de los movimientos del alma está desde un principio ligada a la veracidad
del alma. La aplicación más profunda de esta veracidad es tal vez el
asentimiento con todo corazón al propio destino y al de todos los que
pertenecen al alma familiar. Esto nos aleja del peligro de una desilusión y,
por lo tanto nos hace posible, con el tiempo, la penetración intuitiva en el
alma más grande.
Lo que significa
también, a su vez, que mientras se juega algo falso entre terapeuta y cliente, éste no consigue
mirar su destino de frente. Con lo cual se impide el éxito en el trabajo,
dejando el alma sin fuerzas y retraída. Confrontar la falta de armonía requiere
coraje. Y esto desde luego puede causar angustia.
Clientes con
angustia y sus impulsos mortíferos.
En el transcurso
de la formación se pudo observar unos casos de síndromes angustiosos, gracias a
los cuales una reciente observación de Bert se reveló: aquel que con constancia
llega a niveles patológicos de angustia está en realidad sintiendo sus propios
impulsos violentos, hasta asesinos, que frecuentemente se originan en el
sistema. Esto coincide, a nivel fenomenológico, con la agresividad observada en
el cliente. Ella intenta
imponer al que está enfrente una deferencia hacia el miedo que ella
mismo siente y, de
cuando en cuando,
logra despertar en aquel, cuando existen intrincaciones, impulsos de desamparo
agresivo acoplado con un sentimiento de culpa.
Una imagen
interior me vino durante estos días: cuando me represento una persona a media
distancia y la dejo vibrar con el sonido de la palabra “angustia”, se vuelve
visiblemente más pequeña, más espesa en las piernas y con los puños cerrados.
De hecho, lo menciono muy brevemente, la palabra alemana se queda a menudo sin
poder traducir y resuena de forma muy particular. Nuestro idioma pertenece
también a nuestro destino…
Entender de otra
manera el papel del que ayuda
El taller
inspiró de varias maneras la pregunta siguiente: ¿Qué es un ayudante? Muchas
veces, algo muy distinto de un terapeuta. El ayudante considera el cliente como
un adulto siempre capaz de gestionar. ¿Cómo es esto? El que ayuda respeta en su
cliente a sus padres, su destino y su vocación, sus movimientos así como le
guían y tal vez
como le maduran. Y él permanece en sus propios movimientos. De esta forma la
ayuda se convierte en un encuentro intenso, en ocasiones fructífera entre dos
personas iguales.
El que ayuda no
se interpone con sus conceptos o su saber, ni siquiera con respeto a las
constelaciones. Ahí donde resulta posible, trae a la luz un movimiento del
alma, tal vez
lo impulsa hacia delante y luego se retira modestamente. Lo hace como un
adulto, sin esperanzas ni miedos y sin la intención de sanar, sabiendo que él
es pequeño frente a un movimiento mayor. Es muy respetuoso de las fuerzas del
alma, evitando que ellas se tornen en contra de él.
La actitud
interior que lo apoya es igual que el lema del taller, “la paz comienza en la
propia alma”. El ayudante ve la paz con buenos ojos pero no la “quiere”. Por
esto está relajado y alegre. Está en armonía con esta fuerza mayor que,
al igual que Venus y Marte, guía y alienta tanto la paz como la guerra. Nuestra
vehemencia en diferenciar y juzgar no les impide estar relacionados. El
ayudante sabe que el alma grande, en sus movimientos lentos de
reconciliación, lleva a juntarse los opuestos y lo irreconciliable hasta que se
hagan uno, aún si él no lo entiende y si lo quisiera de otra forma. La pequeña
paz no se puede comparar con la grande. Ésta es un regalo.
Con respecto al
que ayuda, algunos gustan de mencionar “el ayudante”, otros piensan en “el
sabio”, otros más en “el compañero”.
Observaciones
detalladas sobre lo práctico – Constelación y público
Cuando
trabajamos con los movimientos del alma no colocamos a las personas juntas,
como en la disposición de una constelación, sino que las colocamos frente a
frente. En cierto sentido, se las coloca frente a su destino y frente a lo que
les impidió aceptarlo. Más aún que en las constelaciones hasta ahora, se forma
un espacio separado y quieto para los movimientos, desprendido de lo profano de
la opinión que prevalece en el momento. Una palabra para aquello es “templo”.
Me llama siempre
la atención ver que el público presente no molesta para nada el cliente, por lo
contrario lo alienta en el recogimiento tan importante para llegar a esta
veracidad del alma descrita anteriormente. En una sesión individual puede
surgir el engaño con más facilidad. ¿Tal vez frente a un
público es como si el alma se mirara y se oyera a si misma? Simultáneamente, la
presencia del público actuaría como una forma de cuerpo de resonancia,
fortaleciendo lo vivido y haciéndolo llegar a una plenitud en el alma del
cliente. Talvez sea eso también un efecto de las aclaraciones ocasionales de
Bert que, recordando los coros de las tragedias griegas, están dirigidas de modo
patente a un grupo mayor y establecen una “notoriedad del alma”.
Filosofía – No
hay ayuda sin percepción de lo que hay.
Finalmente, se
oyeron durante el taller numerosas sugestiones para meditar, acerca del papel
de la filosofía en la ayuda. Esto confirma que se trata menos de una asignatura
académica sino más bien de exponerse de forma directa a la percepción de lo que
existe en las constelaciones y en la vida. Esto puede ayudar a considerar los
dos con mayor claridad. Así es como constatamos por ejemplo que nuestros
conceptos sobre tiempo y espíritu pueden ampliarse cuanto más permitimos que
los movimientos del alma actúen en nosotros.
Nuestro
pensamiento sigue una estructuración según categorías, por ejemplo los conceptos
de causalidad, espacio y tiempo, que están interconectados. El tiempo que
transcurre se siente por nosotros vinculado a la observación del movimiento y a
la idea de un movimiento de la vida. Los vivos están en el tiempo. Al morirse
ellos, podemos sentir en nuestra alma que aún en nosotros viven. Y sentimos
también en nuestra alma el momento en que los muertos, llegada su hora, no
están más aquí, el momento en que todo acaba. No debemos oponernos a este
alejamiento de los muertos. El alma crece y alcanza la paz cuando, al cabo de un
tiempo, todo se puede terminar.
¿Y a dónde lleva
a los
muertos este movimiento mayor?
La respuesta de
Bert a esta pregunta fue una cita de Ricardo Wagner: “El eterno olvido
primordial”.
“Yo estaba
donde siempre he
estado
y donde para
siempre estaré:
en el reino
lejano de la noche del mundo.
Ahí disponemos
de esta única certeza:
el olvido
primordial, divino y eterno!”
Ésta es la
expresión poética de lo que sólo se puede describir de otra forma con una paradoja
como el hundirse en un lugar fuera de cualquier lugar o en un tiempo
infinito, antes y después de toda experiencia.
En este olvido
primordial todo está suspendido, en su plenitud: olvidado, después de haber
sido conocido y consumado, realizado. Nuestra realización ocurre en el momento
justo y necesita al tiempo mientras dure. Luego se borra el tiempo y su
movimiento, y empieza otro movimiento, y nos volvemos todos iguales frente a la
ausencia del tiempo.
Tal vez se encuentre el alma grande
al servicio de aquel movimiento.
Significante se
vuelve también la reflexión sobre el nivel del espíritu. El espíritu detrás del
alma, guiándola e inspirándola, fue descrito por Bert como “una fuerza
inagotable de creación”, dándole su orden al alma. Para nosotros es un
misterio. Quizás le
corresponda a lo que fue
dicho sobre el olvido primordial. Entonces sería él, en cierto sentido,
definible como sin tiempo-de todos los tiempos, atemporal y eterno. Todo lo que
alcanza una realidad es ya conocido de antemano por él, y aunque no haya
acontecido todavía, ya existe. Esto podría significar que este ámbito del
espíritu es común a toda la humanidad de todos los tiempos y tal vez también
accesible.
Si fuera así, se
nos abrirían nuevos caminos para nuestra comprensión del destino y de la
vocación, y afectaría nuestra actitud como ayudante y nuestro trabajo “en el
espíritu apropiado”, como se nos dio a ver en Hamburgo. No hay sanación sin el
espíritu. El camino que lleva hacia ello implica acompañar plenamente y asentir
a los movimientos del alma.


