Bert Hellinger, Instituto
Virtual Hellinger, 2003
¿Cómo tratar a sus
adversarios, tanto a los vanos como a los temerosos?
Sin ni siquiera considerar sus
intenciones, lo primero es respetarlos. En definitiva, no sabemos qué papel
cumplen ni a quién sirven. Por eso, respeto la molestia que se toman para
hablar, escribir, actuar; respeto la atención que me proporcionan a mi, incluso
a otros y al conjunto en toda su amplitud. Reconozco que al hacerlo sirven a
ese conjunto y a través de él, a mí y a muchos otros. Sin resistencia nada vivo
ni verdaderamente humano puede desarrollarse. Sólo gracias a la resistencia que
ofrece el exterior algo puede diferenciarse, insertarse en otra cosa de más extensión.
Gracias a la resistencia, dentro del marco de unos límites, algo puede
encontrar su fuerza y la comprensión de lo que es realmente posible. Todo aquello
que ya no consigue expandirse se verá obligado a concentrarse. En lugar de
altura y anchura, podrá ganar en profundidad.
En segundo lugar, al oponerse a mí, mis
adversarios encuentran a menudo su propio camino con mayor facilidad. En esto
sirven mejor al conjunto que si me aprobaran o me siguieran, renegando así de
su propia verdad. De esa forma cada cual aporta su contribución únicamente a
partir de lo suyo propio. El que ha encontrado esta autenticidad deja con el
tiempo de alimentar la enemistad, habiendo perdido tanto el miedo a los otros
como la necesidad imperiosa de doblegarles a su imagen o incluso de someterles.
El que ha encontrado su autenticidad está conectado con todos de manera
sosegada. Frente a sus propios adversarios desarrolla tolerancia y sabe dar
tiempo hasta que se disuelva la animosidad de aquellos enemigos en busca de lo
suyo propio.
Sin embargo es importante ver que al
querer mal a otros, los hay que se descuidan de si mismos o traicionan lo suyo.
En tercer lugar, la enemistad suele
precisar de acólitos. Se fortalece gracias al número de ellos y la lealtad que
los une en la oposición. Pero con esto fortalecen también a los seguidores de
aquel al que se oponen. Cuando los seguidores se desmoronan, se desmorona
también la fuerza de ambos bandos. Al quedarse sin seguidores, los líderes de
los campos antagonistas se quedan frente a ellos mismos. Entonces se puede
revelar una fuerza mayor.
¿Cómo reconocer la fuerza mayor?
Se descubre a través de lo que subsiste.
Sólo lo que subsiste era y es esencial