La
primera visita de Bert Hellinger
a un país de habla árabe fue preparado y organizado por Jamileh Schröder, mujer
palestina de Jordania, casada con un alemán. Conoció a Bert Hellinger
en Mainz, tradujo al árabe y publicó “Los órdenes del amor”.
La
organización y el transcurso de un taller de Constelaciones Familiares en aquel
país no se concibe sin el acuerdo y el apoyo de las autoridades locales, las
cuales se mostraron muy abiertas y deseosas de ayudar. Esto fue sumamente
alentador y fuente de mucha fuerza. Así se llevó el curso adelante.
El día
después del curso fue convidado un grupo de personas que se interesaba por las
constelaciones y se acercaron con muchas preguntas. Se realizó una corta
demostración que les impacto notablemente.
Con
respecto al curso en sí: se anotaron 46 personas y sólo aparecieron veinte. A
lo largo del día se fueron algunos y llegaron otros. Faltaban a veces
representantes, con lo cual Bert Hellinger tuvo que confiar en los procesos internos
y contar con el recurso de una sola frase. Fue un taller de ayuda concreta más
que un curso sobre constelaciones. El interés de las personas iba dirigido
hacia la resolución de sus problemas, no tanto hacia el aprendizaje del método.
Algunos de ellos vinieron con sus hijos.
Antes de
dedicarse al trabajo de estos dos días, Bert Hellinger se preparó
interiormente. Deseaba ponerse al compás de este nuevo campo, con respecto y
recogimiento. Esta reflexión dio luz a dos textos que aquí se reproducen.
Soy como tú
¿Por qué
eres distinto?
Porque
tienes otros padres, naciste en otra familia, tal vez porque
crees en otra cosa y tus esperanzas son otras, y porque tú y tu familia
tenéis otro pasado y otro futuro. tal vez ellos se enfrentan a otras amenazas y
deben armarse y defenderse.
Del
mismo modo que tu eres distinto para mí, lo soy yo para ti. Esta diferencia nos
hace sin embargo parecidos e iguales en lo más hondo. Al tomar consciencia de
este parecido en mí, me siento unido con lo que en ti transcurre. Voy con tu
movimiento. Te comprendo sin ser como tú. Y tú me entiendes sin ser como yo.
Mientras
permanezco en mi ámbito de vida y tú en el tuyo, es relativamente fácil, porque no
tenemos que vivir juntos ni
tratar cosas. Pero cuando me acerco a tu ámbito de vida, o tal vez estoy
invitado a penetrarlo, me alejo del mío por un tiempo. Ahora tu ámbito de vida
es también el mío. ¿Cómo me comporto entonces para que sientas que te respeto
así como respeto tu ámbito de vida, para que sientas que yo sé que soy igual
que tú? Siento como tú. Pienso como tú. Honro lo que honras tú. Tomo lo que me
ofreces. Y gracias a lo que para ti es importante y valioso, me enriquezco.
¿Acaso
pierdo algo de mí?
Todo lo contrario. Soy más de lo que
era antes.
La Constelación del Espíritu como
vinculación pura
Al
tratar con el Espíritu y al tratar con sus movimientos, entramos en contacto
con todos los seres humanos a través de una vinculación genuina y pura.
Lo que
sean, lo que hagan, lo que crean, lo que les de esperanza, lo que contribuyan
en particular para el conjunto de los humanos, lo que sean sus límites también,
su dolor y su destino: nuestra vinculación con ellos permanece pura. Libre de lo que
somos, libre de
lo que hacemos. Permanece virgen de lo que creemos y esperamos, y permanece
virgen de nuestros límites, de nuestro dolor y nuestro destino.
Los
participantes originarios de un país árabe que quieren compartir y aprender
conmigo el trabajo de constelaciones, pueden percibir que me acerco desnudo, que me abro totalmente
a ellos con los movimientos del Espíritu, y que me acerco a su religión, a su
idioma, a su cultura y a su destino de la misma forma. Lo mismo vale cuando
guío a gente de otros países en las Constelaciones del Espíritu. En esta
vinculación del Espíritu, ellos permanecen en toda su pureza
consigo, tanto como yo permanezco en toda mi pureza conmigo.
Esta vinculación pura, inalterable está siempre en movimiento, tal como el Espíritu está en
movimiento y tal como lo mantiene todo en movimiento. En una vinculación virgen estamos todos unidos en un movimiento, en el mismo
movimiento. En un movimiento puro. Es decir, estamos unidos en
el movimiento por una vinculación virgen y,
al mismo tiempo, libres y puros para lo nuestro.