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¿Adónde?

Los muertos

Conferencia en Colombia en la Universidad Javeriana en Bogotá, 29.10.2004 

En las constelaciones familiares algo de los muertos sale a la luz. Evidentemente morir es un largo proceso. Yo no sé muy bien cómo se lo puede visualizar. Este es un terreno que permanece oculto para nosotros. Yo tampoco sé si nos es posible trabajar con esa idea, con la idea de que morir es un proceso que continúa en el tiempo. Pues no sé si en el territorio de los muertos existe un tiempo.
Pero resulta evidente que paso a paso algo sucede en ese terreno, que la despedida de la vida paso a paso se consuma. Algunos muertos permanecen cerca de los vivos, sobre todo aquellos –y esta es una afirmación osada y no podemos confiar en ella- que aquí en esta vida no comenzaron a morir a su debido tiempo. Pues simultáneamente la vida es desde su inicio un proceso de muerte. Esto significa que desde el inicio hay una despedida a la que sigue otra despedida. Ya en el nacimiento la vida se inicia con una despedida, con la despedida del regazo materno. Muchos todavía no han completado esa despedida y añoran ese regazo materno. Esto se manifiesta, por ejemplo, en la añoranza de la muerte. La añoranza de la muerte se evidencia especialmente en aquellos que no se han despedido del regazo materno. Por lo tanto la añoranza de la muerte es una añoranza de regreso al regazo materno. Esto debemos tenerlo en cuenta.

Despedidas

Las despedidas atraviesan toda nuestra vida. Cada nuevo momento es una despedida del anterior. Por ejemplo, ahora nos despedimos de aquello que vivimos hace un instante. La vida inmediatamente continúa, de instante en instante. Ese pasar de un instante al próximo posibilita lo nuevo. Al mismo tiempo es un ensayo de la muerte. Por ejemplo, casi todos los deseos que tenemos están orientados al pasado. Tenemos esos deseos porque no es posible despedirse de ellos. Lo percibimos, por ejemplo, en muchas tristes canciones colombianas.  Ellas cuentan de una amante que ya no regresará. Esa amante es naturalmente la madre de la cual no fue posible despedirse. Muchas psicoterapias, cuando son buenas, son una ayuda para soltar algo, especialmente muchos deseos e ilusiones. Por esa razón la buena psicoterapia nos hace más realistas. Aquellos que con 80 años todavía tienen sueños infantiles y se imaginan todavía una larga vida, o aquellos que miran al cielo -cielo aquí como realización de la vida terrenal, donde los deseos no satisfechos aquí serán colmados- ellos no han logrado la despedida. Por consiguiente a la despedida también le corresponde la renuncia del cielo y naturalmente y al mismo tiempo la despedida del infierno.

Vivos y muertos

Luego de una constelación: Esta larga charla parte del supuesto de que con frecuencia la muerte es incompleta, sobre todo para aquellos que no se han ejercitado en el desprendimiento definitivo. Entonces, al parecer, los muertos se comportan como vivos que van a la psicoterapia para recibir allí aquello que no recibieron de niños. También algunos terapeutas se comportan así, como si ellos pudiesen darle algo a los muertos. Ellos son particularmente propensos a que los muertos los busquen.  En ese trabajo sale a la luz que los muertos se cuelgan de los vivos y se alimentan de ellos, que quieren algo de ellos. Entonces hablamos de malos espíritus. Pero ellos son tal vez sólo muertos incompletos. ¿Qué hacemos nosotros con esto? Existen prácticas chamánicas que quieren espantar a los malos espíritus. Ellas pretenden ahuyentar la energía negativa. Esto quiere decir, quieren ahuyentar a los muertos. Esto es peligroso. Esto es una arrogancia. Todo lo que digo aquí es solamente un intento. No puedo saberlo. Lo que me interesa es ir en un movimiento del alma que nos ayude a avanzar. Entonces ¿cómo nos comportamos? Ocurre que muchas personas que fueron asesinadas o que tuvieron un accidente o murieron de repente permanecen de alguna otra manera en el lugar en el cual ese  hecho tuvo lugar. También los que los mataron permanecen en el lugar. Por esa razón, con frecuencia vuelve a suceder a posteriori lo mismo en el mismo lugar, es decir el  mismo accidente en el mismo lugar aunque un poco más tarde. Es posible observar que en algunos valles en los Alpes en cada casa se produjo un suicidio y por cierto todos de la misma manera – las víctimas se colgaron. Evidentemente aquellos que se colgaron arrastran a otros a su muerte. Por esa razón ellos se suicidan de la misma manera. De esa manera los muertos ganan un poder superior. ¿Qué podemos hacer? Les traigo un ejemplo. En el medio de la constelación puse a una mujer que era propensa al suicidio -y en cuyo valle habían ocurrido muchos de esos suicidios- y alrededor de ella ubiqué cerca de diez representantes de suicidados que se habían quitado la vida en ese valle. Entonces hice que ella mirara a cada uno de ellos y le dijese: “Por favor”. Lentamente ella se acercó a cada uno, lo miró y le dijo: “Por favor”. Una de las muertas se desplomó. Ella entonces realmente murió. Después de haber sido observada y después que se le hubiese dicho “por favor” ella pudo establecer la diferencia entre vivos y muertos y pudo aceptar que estaba muerta. Entonces se desplomó.    Por eso cuando miramos a los muertos y los vemos realmente como un opuesto y les decimos “por favor”, seremos concientes que están muertos. En ese momento ellos dejarán a los vivos en paz. Otra palabra importante que puede ser aquí de mucha ayuda es “gracias”. Una madre que murió temprano o súbitamente, por ejemplo durante el parto, a veces arrastra al niño a la muerte. Si ahora el niño la mira y le dice “gracias”, la madre podrá sosegarse y cerrar los ojos. Entonces ella estará muerta, realmente muerta, y el niño será libre. Vuelvo nuevamente a esta constelación. La persona propensa al suicidio se ha retirado del círculo de los muertos. También los muertos se han retirado. Pero uno de esos muertos ha vuelto a ir hacia ella como si quisiese arrastrarla a la muerte. Ella entonces volvió a decirle: “Por favor”. Entonces también él se retiró.

Dejar que el pasado pase

Quisiera agregar algo. En Taiwán trabajé con chinos. En las constelaciones ellos mostraron increíbles arrebatos emotivos. De pronto me di cuenta que no se trataba de sentimientos personales. Eran sobre todo mujeres las que tenían esos ataques. El sufrimiento y la tristeza de las mujeres chinas en el pasado irrumpían en estas mujeres. Tal vez también vimos algo parecido aquí mismo. Así se manifiesta el sufrimiento de muchos muertos aquí, en este país, y el dolor producto de la injusticia de la que fueron víctimas.
¿Qué hice yo en Taiwán? Dejé que una mujer en la cual esto último se expresaba de modo muy manifiesto mirase a la lejanía a las mujeres chinas. Ella las miró y dijo: “Yo las veo. Yo veo lo que les hicieron y me inclino ante ustedes. Por favor, sean ahora amables”. Esto significó para ella un enorme alivio. Algo similar podría también ser importante aquí. Cuando algo de los muertos  sale a la luz y nosotros sentimos con ellos, tiene que ocurrir algo que haga que el pasado quede definitivamente atrás. Nosotros debemos permitirle a los muertos que su mirada se aleje de los vivos y se dirija hacia otra parte. Pues la mirada sobre nosotros va en la dirección equivocada. Ellos deben mirar atrás a los muertos de su familia.
Cuando en la constelación familiar los representantes de los muertos miran a un descendiente, a veces, a través de ellos éste se siente empujado hacia la muerte.  Entonces se gira la cabeza del muerto desde los vivos hacia los muertos de su familia. De repente ellos cierran los ojos y los vivos quedan libres.

El No ser

El movimiento de los muertos al final va más allá de los muertos de su familia y se dirige hacia algo definitivo. De qué se trata no lo sabemos. A veces hablamos con liviandad de Dios como si pudiésemos alcanzarlo. Esta es una idea muy primitiva. Ella interrumpe un movimiento en el alma. Tal vez ese movimiento sea finalmente un movimiento hacia el No ser, hacia la absoluta disolución en el No ser. Mi gran amigo Richard Wagner habla de olvido primario. Cuando nosotros entramos en ese movimiento,  y nos dirigimos hacia el olvido primario, nada más puede adherirse a nosotros, ni siquiera los muertos.

 

Mi sermón del domingo:

Solo frente a Dios                    Conferencia en Viena 2009

Anteriormente. todos los domingos daba un sermón. En cierta medida lo sigo haciendo aún hoy. Quisiera ahora mostrar un camino de cómo podemos superar muchos límites que nos mantienen prisioneros.
Ya ayer hablé de esa fuerza espiritual de la cual toda vida depende y que mantiene viva a toda vida. Ahora se trata de que nosotros de una manera especial nos pongamos en contacto con esa fuerza.
¿Cómo entramos en contacto con esa fuerza y somos uno con ella? A solas, completamente a solas. O sea, sentimos que esta fuerza creativa está completamente dedicada a nosotros, como si nosotros estuviésemos allí solos con ella, como si ella nos dijese, como si le dijese a cada individuo y a cualquiera que allí está y vive: Transfórmate y sé. Esas palabras son sólo para nosotros. Si nos abrimos a ese proceso nos sentiremos solos frente a esa fuerza. Ser conscientes de esta situación tiene consecuencias de muy largo alcance.
Nos sentimos solos. La razón de muchos problemas parece ser que alguien se siente solo. Esto quiere decir, la persona se siente aislada de los demás, dependiente de sus propias fuerzas.
¿Por qué alguien se siente solo? Porque la persona le da a los otros un poder, como si ellos fuesen creadores, como si su vida dependiese de ellos. Aquí nos olvidamos que frente a otra fuerza nosotros estamos solos, pero jamás aislados. Simultáneamente estamos solos y en plenitud.
¿En qué nos ayuda esto? Cuando de ese modo nos sentimos solos nos despedimos de esa idea, como si fuésemos dependientes de otros, aunque en realidad no lo somos en esa dimensión. O sea que seguimos siendo dependientes de ellos, pero de otra manera. Es decir, cuando establecemos un nexo con otras personas, un nexo íntimo, esa conexión no va directamente hacia ellos. Esa conexión trasciende a esa fuerza creativa frente a la cual también ellos están solos. Si somos uno con esa fuerza, también seremos uno con todos los demás. Por encima de esa fuerza seremos uno con ellos, aunque no directamente.
Adaptarse completamente a esa fuerza e ir con su movimiento, con su movimiento de dedicación es, por supuesto, un ejercicio religioso. Pero esa dedicación no solamente se refiere al individuo, ella simultáneamente concierne a ese espíritu en el individuo.

Meditación: Rechazado

Cierren los ojos. Con frecuencia tenemos miedo de que alguien esté contra nosotros, contra nosotros o contra un niño nuestro y contra otros de nuestra familia.
Miramos la situación y nos entregamos a ella. Nos identificamos con las consecuencias de ese rechazo. Entonces el rechazo es doble. Nosotros rechazamos a aquellos de quienes pensamos que nos rechazan y experimentamos, como respuesta, que ellos nos rechazan. El movimiento parte por lo tanto de nosotros y hace que el rechazo de los demás resulte inevitable. Este es el punto de partida.
Ahora vayamos a nuestra familia y miremos quién es rechazado allí, por ejemplo, cuando no miramos a una persona y conseguimos que ella ya no pueda sentirse perteneciente. Ahora nos volvemos hacia esa persona. En nuestro cuerpo sentimos el efecto que produce el movimiento hacia ella. Tan pronto como logramos la dedicación hacia esa persona miramos nuevamente a aquellos que pensamos que nos rechazan y vemos el cambio.

Aislado a través del rechazo, solo a través del amor.

Ahora vuelvo a aquello que dije anteriormente. Tan pronto como nos sentimos rechazados también nosotros rechazamos a alguien. Ese sentimiento, el de sentirse rechazado -y por detrás el movimiento de rechazo- hacen que nos aislemos. Este es el punto central de ese sentimiento: estoy aislado. 

            Ahora es el momento del movimiento espiritual: que por encima de los que creemos que nos rechazan y sentimos que nosotros rechazamos entremos en contacto con aquella fuerza creadora que ama a cada uno tal como es, a nosotros y al otro. Cuando establecemos el contacto con ese movimiento en nosotros seguimos asimismo a ese movimiento en los demás. Entonces el otro estará solo con esa fuerza, yo estaré solo con esa fuerza y ambos entraremos en contacto con ella, cada uno por sí mismo. Ninguno sufre por los otros. El otro no necesita temer nada porque él está en sintonía con ese movimiento.

Solo el amor tiene futuro

Conferencia en Kehl, Alemania, 13.1. 2005

Para comenzar les cuento una  pequeña historia que me hizo pensar.

                                             La fe

Alguien cuenta que escuchó a dos personas comentando cómo hubiera reaccionado 
Jesús si al decirle a un enfermo “¡Levántate, toma tu cama y vete a tu casa!”, éste le hubiera respondido:“¡No quiero!”. Una de las dos contestó que probablemente Jesús no hubiera dicho nada al principio, pero luego se habría dirigido a sus discípulos diciendo: “Este hombre honra a Dios más que yo”.
Yo me narro esta historia cuando me doy cuenta que con un cliente las cosas no son sencillas. No sabemos si estamos en sintonía con él. No sabemos si podemos ayudarlo o no. No sabemos si otra fuerza más grande ha dispuesto algo para él distinto a lo que yo me imagino. Ahora, si yo lo dejo, si simplemente lo dejo ¿es esto amor? Es otro amor. Sobre ese amor es que quiero hablar hoy por la noche.

Amor y vida

Los saludo afectuosamente en esta velada que tiene como tema: Sólo el amor tiene futuro. La pregunta es: ¿Cuál amor? ¿Qué es realmente amor? Amor es vida y vida es amor. Vivir quiere decir: Estamos en relaciones duraderas. Nosotros provenimos de una relación, de una relación de amor, la relación de amor de nuestros padres. Ese amor está en el inicio de nuestra vida. Entonces crecemos y nos desarrollamos y lo hacemos en relaciones de amor. Cuando tenemos problemas ¿cuál es la causa de esos problemas? Casi siempre tiene que ver con una relación. Casi siempre se trata de un problema de amor. Pero todos nosotros hemos hecho la experiencia: no cualquier amor tiene futuro. La pregunta es entonces: ¿Cuál amor tiene futuro? Hay una bella poesía de Rilke con la cual comienza su Libro de las horas. La primera estrofa dice:

Vivo mi vida en círculos crecientes,
que se dibujan sobre las cosas.
Quizás no complete el último,
pero lo quiero intentar.  

Ese crecer en círculos crecientes es para Rilke girar alrededor de Dios, girar en torno al más profundo conocimiento de Dios. Es un girar con amor. También podríamos decir:

Vivo mi vida en círculos crecientes,
que se dibujan sobre las cosas.
Quizás no complete el último, aquel amor
que de la misma manera todo toma en su corazón,
pero lo quiero intentar.

El primer círculo del amor: Tomar con amor

Ahora bien ¿qué es para nosotros el primer círculo del amor? Es el amor del cual provenimos. Es el amor de nuestros padres antes de nuestra concepción, antes de que hubiésemos nacido. Es un amor en el cual solamente tomamos. Son los padres los que con amor dan y nosotros tomamos.

Meditación: El comienzo del amor

Haré ahora un pequeño ejercicio con ustedes, una meditación. Pueden cerrar los ojos si lo desean. Imagínense a vuestros padres como una pareja de enamorados. Imagínense cómo ellos se encontraron con amor. Cómo en el amor ellos se convirtieron en uno.  Cómo de esa unión de amor fuimos concebidos nosotros. Luego nuestra madre quedó embarazada. Los padres estuvieron preocupados de que todo saliese bien y durante nueve meses se alegraron. Ya antes de que nosotros hubiésemos visto la luz del mundo ellos pensaban constantemente en nosotros. Nuestra madre nos sintió y estuvo todo el tiempo dedicada a nosotros con amor, con esperanza, antes del nacimiento tal vez también con miedo.
Entonces nacimos. Vimos la luz del mundo y nuestros padres entonces nos miraron. Mutuamente se miraron a los ojos, luego nos miraron a nosotros y dijeron: “Nuestro hijo”. Y nos aceptaron como su hijo.
Así ellos se convirtieron en nuestros padres y nosotros en su hijo. Buscaron un nombre para nosotros y nos dieron el suyo.
Ahora miramos a nuestros padres con amor,  así como una vez ellos nos miraron a nosotros. Tomamos esa vida de ellos con todo lo que le corresponde. La tomamos al precio completo que a ellos les costó y también que a nosotros nos cuesta.  Así les decimos: “Sí” y ”Gracias”.
Sentimos lo que sucede en nuestra alma cuando así los aceptamos, simplemente como ellos son.
Con ellos tenemos un destino especial. Pues nuestros padres también tuvieron padres y éstos a su vez también tuvieron los suyos. La vida fluyó a través de todas esas generaciones hasta llegar a nosotros. Ninguno de ellos pudo agregarle algo.  Ninguno de ellos pudo quitarle nada. Todos se comportaron correctamente. En la toma y traspaso de la vida todos fueron perfectos. Todos estuvieron bien.
Por eso ahora le abrimos nuestro corazón a esa vida tal como ella a través de nuestros padres llegó a nosotros. Sentimos el amor: su amor, nuestro amor. Este es el comienzo del amor, el primer círculo del amor.

Errores de los padres

Algunos quisieran decir: pero los padres también tienen defectos. Cometen errores. Ellos no hicieron todo bien. Algunos hubiesen podido ser distintos y deberían haber sido distintos.
En el instante en que nosotros lo pensamos perdemos a nuestros padres. El amor que está detrás de nuestra vida y que la hizo posible y trasmitió ya no puede fluir más.
Solamente ese amor que mira a los padres tal como ellos son y que les da su consentimiento, así como ellos son, así como de ellos fluyó hacia nosotros, solamente ese amor crece. De lo contario ya antes de que podamos crecer nos marchitamos en el amor.

La fuerza de lo incompleto

Muchos adultos acusan a su madre o a sus padres y dicen, ellos deberían haber sido distintos. ¿Qué sucede entonces en ellos? Ellos quedan aislados del profundo y verdadero amor.
Cuando la gente habla sobre cómo deberían haber sido sus padres lo llamativo es que ellos tienen expectativas con la madre y con el padre como en realidad solamente se puede tener con Dios. Aunque ni siquiera Dios es perfecto.
¿Es demasiado lo que estoy diciendo? No. Dios es incompleto. Todo lo creativo es incompleto. Lo completo no puede ser creativo. En el mismo Dios existe ese movimiento que crece de una cosa a la otra. Solamente me lo puedo imaginar de esa manera. ¿Y justamente nuestros padres tendrían que haber sido perfectos? No, ellos tienen el derecho a ser como son. Y así los acepto.

El segundo círculo del amor: Seguir tomando

Miro ahora a mi infancia y a todo lo que yo viví entonces, lo pesado y lo hermoso. A todo lo que sucedió le doy mi asentimiento, tal como sucedió. Justamente porque todo fue como fue es que yo pude crecer. Aquello que rechacé no me sirvió para crecer. Solamente pude crecer en aquello a lo que yo le di mi consentimiento. Este es el segundo círculo del amor y supone tomar, solamente tomar. Con mucha frecuencia queremos separarnos de nuestros padres, o en nombre suyo nos hacemos cargo de algo y creemos que debemos ayudarlos. Frente a ellos nos hacemos los grandes y nuestros padres se volverán pequeños ante nuestros ojos y nuestros sentimientos.
Quien constantemente se rebela contra sus padres solamente puede hacerlo porque ellos constantemente están dedicados a él. Solamente pueden rebelarse aquellos que tienen un hogar. Quien carece de un hogar no puede rebelarse. Por lo tanto, la arrogancia que a veces está presente en nuestra rebelión es mísera y débil.
Seguimos siendo niños y tomamos todo lo que nuestros padres nos dan. Así crecemos en el segundo círculo del amor hasta que alcanzamos el límite en el cual no podemos hacer otra cosa que transmitir lo que nos ha sido dado.

El tercer círculo del amor: Dar con amor, como pareja y como padres

Entonces nos separamos, pero llenos de todo lo que ellos con su amor nos dieron. Recién entonces somos capaces de iniciar una relación de pareja, estamos capacitados para relaciones en las que se trata de dar y recibir de la misma manera, en las que se trata de un equilibrio entre dar y recibir.
Cuando la pareja tiene hijos, cuando ambos se convierten en padres, ellos podrán traspasar todo lo que recibieron de sus padres porque ellos pudieron tomarlo. Este sería el tercer círculo del amor en el que crecemos en el amor.

Meditación: Dar después de recibir

Ahora hago con ustedes un ejercicio. Pueden cerrar los ojos. Miren a vuestro compañero, con quien están unidos, tal vez casados desde hace muchos años. O tal vez ustedes buscan un compañero, buscan una relación entre hombre y mujer, quieren crear una familia. Imagínense ustedes lo que con frecuencia sucede. Allí hay dos personas que se enamoran, que locamente se enamoran, como habitualmente se dice, están completamente ciegos. Este es un sentimiento maravilloso. ¿Ellos dan en el amor o están a la espera de algo? ¿Están maduros para el dar y recibir o serán seducidos por su enamoramiento para encontrarse y de pronto despertar y ver al otro tal como él o ella es? Entonces comienza el verdadero amor entre el hombre y la mujer. Este es el amor a segunda vista.
Pero vemos: muchas convivencias no resultan. Una de las razones es que uno de los miembros de la pareja o tal vez los dos no han pasado completamente del primer círculo al segundo y no han tomado todo de sus padres.
A veces le digo a una mujer que se queja, “No encuentro ningún hombre”, una frase provocativa: “Sin madre no hay hombre”. Quien no ha tomado a la madre no puede amar, no puede amar de manera profunda.
Miremos ahora a nuestra pareja y volvamos al tiempo de nuestra infancia. Miremos a nuestros padres y a todo lo que durante años nos regalaron. Y les decimos: “Gracias. Ahora lo tomo, todo, exactamente así como ustedes me lo dieron. Aunque me haya resultado difícil ahora le doy mi consentimiento. Asimismo lo tomo en mi corazón. Todo lo que fue tiene el derecho de ser tal como fue”. En ese tomar sentimos cómo nos hacemos fuertes.
Cuando así tomamos todo lo que nuestros padres nos dieron, miramos a nuestro compañero y sentimos que un amor distinto ha tomado posesión de nosotros, sentimos que somos capaces de amar manera distinta. Con menos expectativas, con menos ilusiones, pero con ambos pies sobre la tierra, suficientemente fuertes para aquello que la convivencia en el transcurrir del tiempo nos regala pero también exige de nosotros. Sobre todo cuando de esa convivencia han nacido niños y nosotros dejamos que el amor que recibimos de nuestros padres se derrame sobre nuestros hijos. O, en el caso de que no tengamos hijos, dejamos que ese amor se derrame sobre algo que hacemos al servicio de la vida.  

Pruebas de amor

Ahora alguno podría decir: “Todo suena tan ideal. ¿Qué tiene que ver todo esto con la realidad? Mi mujer es así y la familia de la mujer o la familia del hombre es así”. Estas son las pruebas de amor. El amor profundo debe transitar un camino de purificación. Al respecto hago un ejercicio con ustedes. En Polonia tengo un amigo, un psicoterapeuta. Él me contó que reunió a jóvenes de distintas culturas. Por ejemplo, israelíes y palestinos, o musulmanes y cristianos. Después de un cierto tiempo ellos se entendieron muy bien. Yo entonces le pregunté: “¿Cómo lo lograste, cómo hiciste para reunirlos?”. Él me contó otro ejemplo de Rusia, del Cáucaso, donde algunos pueblos están en conflicto entre sí. Mi amigo convocó a jóvenes de distintos pueblos. También ellos pudieron después de un tiempo convivir en paz y entenderse. El dijo: “Fue muy fácil”. Él hizo con ellos un ejercicio. Me gustaría ahora hacerlo con ustedes.

Meditación: El amor puro

Cierren los ojos. Imagínense, ustedes tienen un nombre, vuestro nombre. El nombre y el apellido. Ustedes dejan de lado el nombre, el nombre y el apellido. Déjenlo, simplemente déjenlo. ¿Falta algo? ¿Son por eso menos que antes? ¿O son esos nombres irrelevantes para lo realmente esencial?
Ustedes han tenido éxitos en vuestra vida. Dejen de lado esos éxitos y prueben si algo le falta a lo esencial. O si eso no es irrelevante para lo fundamental.            Y luego, tal vez, háganlo con la religión y el idioma, y con los deseos, con las expectativas. Es una buena cosa dejarlos, simplemente dejarlos y ver si algo cambia, si algo se ha perdido. Tanto más nosotros los dejamos, uno tras otro, más profunda será nuestra concentración sobre lo esencial, sobre el núcleo existencial. Allí realmente somos Yo, allí hemos llegado. Concentrados de esta manera, concentrados en lo esencial, miramos a nuestra pareja.  Y hacemos lo mismo con ella. Prescindimos de lo insignificante, de aquello que nos molesta en ella, tal vez un comportamiento, cualquiera que el sea. Deja que todo siga su curso, su familia por ejemplo, sea como fuese, hasta que finalmente podamos ver en su esencia, allí donde él plenamente está y solamente allí.
De núcleo esencial a núcleo esencial hay una relación completamente distinta y un amor distinto.
¿Qué se le opone al amor entonces? Lo irrelevante. ¿Qué hace posible el amor profundo? Lo esencial. Llegar hasta allí es una purificación. Entonces aparece el amor puro.
En ese amor puro, todo lo demás -que también nos hace felices- tiene su lugar. La alegría que brota de ese núcleo esencial es una alegría diferente, es una gran alegría.

El cuarto círculo: Amor que todo lo abarca

Quisiera ahora pasar a otro plano. Existe todavía un cuarto círculo del amor, un círculo del amor completamente diferente.
Normalmente, cuando amamos a alguien, algunas cosas nos gustan y otras nos gustan menos. O directamente las rechazamos. También en nosotros cuando nos observamos hay algunas cosas a las que le damos nuestro asentimiento. Esto lo mostramos. En cambio, otras cosas que rechazamos en nosotros las escondemos. Tal vez queramos deshacernos de eso otro que no nos gusta.
Recién seremos completos cuando todo pueda tener su lugar. Al respecto les voy a leer una pequeña historia, una historia meditativa. Mientras escuchan ustedes podrán comprender interiormente lo que esta historia cuenta. La historia se llama: 

Historia: La posada

Alguien pasea por las calles de su ciudad. Todo le parece familiar. Le acompaña una sensación de seguridad y también de ligera tristeza porque muchas cosas se mantienen en secreto, y una y otra vez se encuentra con puertas cerradas. A veces hubiera querido dejarlo todo ymarcharse lejos de aquí. Pero algo lo sujetaba, como si estuviera luchando contra un desconocido y no pudiera separarse de él antes de conseguir su bendición. Y así se siente prisionero entre ir hacia adelante o hacia atrás, entre marcharse o permanecer. El hombre llega a un parque y se sienta en un banco. Se apoya contra el respaldo, respira profundamente y cierra los ojos. Deja estar la larga lucha, se fía de su fuerza interior y siente que se va calmando y entregando, como se entrega un junco al aire, en armonía con la variedad, el vasto espacio y el largo tiempo.
Se ve a sí mismo como una casa abierta. Quien quiera entrar, puede venir. Todo el que llega trae algo, se queda un rato y luego se va. De esa manera, en esta casa hay un continuo ir y venir, traer, quedarse y partir.
El que llega nuevo y trae algo nuevo, envejece mientras se queda, y finalmente viene el tiempo de su partida. También llegan muchos desconocidos, gentes que durante mucho tiempo fueron olvidadas o excluidas. Ellas también traen algo, se quedan un tiempo y luego se van. Llegan igualmente los malvados, a quienes preferiría prohibirles la entrada, y también ellos aportan algo, encuentran su lugar, se quedan un rato y vuelven a partir. Cualquiera que venga siempre encuentra a otros que llegaron antes o que vendrán después. Y como son muchos, cada uno tiene que compartir. Todo el que tiene su lugar, también tiene su límite. Todo el que quiera algo, también tiene que adaptarse. Todo el que haya venido, puede desarrollarse mientras se quede. Llegó porque otros se fueron, y se irá cuando otros vengan. Así, en esta casa hay tiempo y espacio suficientes para todos.
Así sentado, se siente a gusto en su casa, sabiéndose unido a todos los que vinieron y vienen, aportaron y aportan, se quedaron y se quedan, se fueron y se van. Lo que antes estaba inacabado, ahora le parece completo; percibe que una lucha se termina y que se hace posible la despedida. Espera, sin embargo, el momento justo. Después abre los ojos, echa una última mirada a su alrededor, se levanta y se va.